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Insecticidas biológicos: qué son y cuándo usarlos

Insecticidas · 14 de octubre de 2021

Los insecticidas biológicos se basan en sustancias y organismos de origen natural. Su uso creciente responde a la búsqueda de tratamientos más selectivos.

Insecticidas biológicos: qué son y cuándo usarlos
Insecticidas biológicos: qué son y cuándo usarlos

Los insecticidas biológicos se basan en sustancias y organismos de origen natural para controlar las plagas. Su uso creciente responde a la búsqueda de tratamientos más selectivos, que actúen sobre el insecto dañino y respeten en lo posible al resto del entorno.

Qué los caracteriza

A diferencia de los productos de síntesis, los biológicos proceden de fuentes naturales, como plantas, microorganismos o minerales. Muchos actúan sobre una plaga concreta y se degradan con relativa rapidez en el medio.

Esa selectividad es su principal atractivo, aunque también implica que su acción sea más específica y que requiera un buen diagnóstico previo del problema antes de aplicarlos.

Principales tipos

Dentro de este grupo conviven soluciones muy distintas, desde microorganismos que enferman al insecto hasta extractos vegetales o productos minerales que lo repelen o lo debilitan.

  • Microorganismos que atacan a las plagas de forma selectiva.
  • Extractos de plantas con acción repelente o tóxica.
  • Productos minerales que dañan la cutícula del insecto.
  • Sustancias que alteran su desarrollo o su comportamiento.
Aplicación de un tratamiento biológico en el huerto
Aplicación de un tratamiento biológico en el huerto

Ventajas frente a otros tratamientos

Su origen natural y su acción selectiva reducen el impacto sobre los insectos beneficiosos, como los polinizadores y los depredadores naturales de las plagas. Muchos pueden integrarse sin dificultad en el manejo del huerto y del jardín.

Además, al no dejar residuos persistentes, encajan bien en producciones donde se busca un equilibrio entre eficacia y respeto ambiental.

En qué casos tienen sentido

Resultan especialmente útiles en el huerto, el jardín y los cultivos donde interesa proteger la fauna auxiliar. También son la opción lógica cuando la plaga se detecta a tiempo y aún no se ha extendido.

SituaciónEnfoque biológicoCuándo aplicarlo
Plaga incipienteTratamiento selectivoAl detectar los primeros individuos
Cultivo con polinizadoresProducto respetuosoFuera de la floración cuando sea posible
Orugas en hortalizasMicroorganismo específicoEn las primeras fases de la larva
Plaga en invernaderoControl integradoCombinado con vigilancia
Vigilancia de una plaga antes de aplicar un tratamiento biológico
Vigilancia de una plaga antes de aplicar un tratamiento biológico

Cómo aplicarlos bien

La eficacia depende en gran medida del momento. Actuar sobre las primeras fases de la plaga y respetar las condiciones de aplicación mejora el resultado y reduce la necesidad de repetir el tratamiento.

Es importante leer las indicaciones del producto y evitar mezclas no recomendadas, ya que algunos tratamientos pierden eficacia o resultan incompatibles entre sí.

Integración en un plan de control

Los insecticidas biológicos rinden más cuando forman parte de un plan que incluye la prevención, la vigilancia con trampas y el cuidado de la fauna auxiliar. Ninguna medida aislada resuelve una plaga por sí sola.

Prevenir con buenas prácticas de cultivo, detectar pronto y elegir el tratamiento más selectivo en cada caso permite controlar las plagas con menor impacto y mantener el equilibrio del entorno.

Cuándo son preferibles a un tratamiento de síntesis

Los biológicos son la opción lógica cuando interesa proteger polinizadores y fauna auxiliar, y en cultivos donde se busca un equilibrio con el entorno. También resultan idóneos para plagas detectadas a tiempo.

No sustituyen siempre a otros tratamientos, pero sí permiten reducir su uso y combinarlos dentro de un plan escalonado que dé prioridad a las medidas más selectivas.

Buenas prácticas de aplicación

Respetar las dosis y los momentos indicados, aplicar en las condiciones adecuadas de temperatura y luz y evitar mezclas incompatibles son claves para que el producto funcione. La precipitación o el exceso de calor pueden restar eficacia.

También conviene proteger a los insectos beneficiosos, eligiendo horas y formas de aplicación que reduzcan el contacto con los polinizadores.

Ventajas y límites

Entre sus ventajas destacan la selectividad, la rapidez de degradación y la posibilidad de integrarlos en el manejo habitual del huerto. Como límite, su acción es más lenta en plagas ya asentadas y exige más precisión en el diagnóstico y en el momento de aplicación.

Conocer tanto sus puntos fuertes como sus límites permite sacarles partido y evitar decepciones cuando el problema está muy extendido.

Prevención como base del control

Ninguna aplicación sustituye a unas buenas prácticas de cultivo. Mantener las plantas vigorosas, revisar la vegetación con frecuencia y actuar ante los primeros indicios reduce la necesidad de tratamientos.

Combinar prevención, vigilancia y tratamientos selectivos es la forma más equilibrada de controlar las plagas y de mantener el entorno del huerto y del jardín en buen estado.

Errores que restan eficacia

Aplicar en el momento equivocado, mezclar productos incompatibles o repetir el tratamiento sin necesidad son fallos que reducen el resultado y desaprovechan el carácter selectivo de estos productos.

Observar la evolución de la plaga tras la aplicación y ajustar las siguientes medidas permite corregir a tiempo y evitar gastos innecesarios.